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Como Dioniso dormido sobre un tigre, mi fuerza se desboca entre sonidos negros y penumbras estridentes, sumido en un trance profundo y sometido al poder del chamán que dirige el ritual con energía y seguridad. Él me traslada a otros mundos y me libera con su música. Guía el movimiento de mi cuerpo con sus ritmos y su voz se vuelve ley. Durante ese tiempo no existe más mundo que el espacio contenido por las ondas que vuelan desde él, y la multitud envuelve mi felicidad. Eso es un concierto. Da igual el estilo. La sensibilidad es lo que cuenta.
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