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"Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas."
L.F.Céline
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Siempre me ha interesado la fotografía. Hasta el punto de convertir la cámara en una extensión natural de mi brazo (supongo que algo así podría ser el cyborg fotógrafo del futuro). Cuando era niño, y veía las fotos de mi padre, también niño, entre calles de barro del suburbio madrileño de Vallecas, tenía la sensación de que yo era él, y a la vez otro que en el futuro me estuviese viendo a mi, quizás yo mismo, más viejo, más maleado por la vida, como en una cadena. Posiblemente por eso estudié arqueología.
No tienes plenamente consciencia de ti mismo hasta que no viajas, y cuando lo has hecho, poco a poco el recuerdo formal del viaje desaparece, y permanece la experiencia vivida, el resultado de la empatía que te has esforzado en tener con el otro, y que ha acabado por transformarte.
Fue especialmente Africa lo que me transformó a mi, profundamente. Lo que me llevó a aquella pequeña fotografía de mi padre entre el barro del suburbio. A una raíz común a pesar del espacio tanto físico como cultural que me separaba del mundo africano.
Además, parece que es el azar el que te lleva a los sitios, pero no, hay algo que te arrastra siempre. No hay casualidades. Casi todos mis amigos están lejos de España. Por una u otra razón han acabado haciendo su vida en otros países: en USA, en Burkina Fasso, en Hungría, en Gran Bretaña, ... Eso también me ha ayudado.
Así que ahora mismo puedo ver el tiempo en mis fotos, mostrarlo. No sería necesario decir nada acerca de cada una, que cada cual interprete lo que quiera. No obstante, detrás de su creación, hay toda una historia.
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Esta Venecia inédita en sus pequeños detalles, nocturna y expresionista en sus canales estrechos y menos conocidos, es la que más me atrae, pues la considero metáfora de todo lo que representa esta página: la resistencia de la memoria en una lenta agonía...
No obstante, vive.
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Nadie adivinaría que la foto de esta ventana está hecha en Islandia, y que detrás de los aparentemente tranquilos visillos y el ambiente reposado y quieto que se puede entrever, había un infierno de mosquitos que salían de las alguas del lago Mivatn, que se puede observar al fondo. Que más da de todas formas. Mejor que no hubiera contado nada, ¿verdad?
Imagino que la gente soñó con ventanas antes de que se realizara la primera. El hombre es un animal que mira. Quiere ver y ser visto, o ver sin que lo vean. La ventana simboliza la libertad, la esperanza de libertad mas bien, porque se observa desde el encierro de una habitación oscura. Es una visión sincera del espacio que se anhela, fuera del bullicio, lejos del ruido y de la gente, ... La soledad de Islandia... Fue uno de los primeros viajes que hice. La foto data de 1991, y es una de las más queridas. La he seleccionado precisamente para estar en la presentación, por encima de mi propio retrato, porque pienso que muchos se podrán proyectar en ella... se verán a sí mismos en esta imagen.
Yo mismo, al verla desde mi presente, en una ciudad como Madrid, tan caótica, con tanto bullicio, prisa y ruido, tengo que admitir que me aporta serenidad. La misma que siento cuando veo y fotografío nubes u objetos arqueológicos. El pasado es siempre silencioso, aunque hayan encerrado en su interior los sonidos más terribles. Un paseo solitario por una excavación en medio del campo se transporta al tiempo de los románticos. Y Schiller, Goethe o Chateaubriand cobran fuerza. Su literatura rescata del olvido los lugares donde el hombre construyó y destruyó su propia creación. Siempre quedan huellas que le delatan, como la sandalia de Empédocles tras tirarse al volcán.
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