VIAJE AL FIN DE LA NOCHE | YO, MI, ME, CONMIGO | LA FOTOGRAFÍA, EL VIAJE, EL TIEMPO QUE NO PASA| HISTORIA, ARQUEOLOGÍA, ¿TIEMPO PERDIDO? | MAS SOBRE EL TIEMPO PERDIDO | LAPIDARIUM (notas de viaje) | FOTOS, FOTOS, FOTOS, FOTOS | ... Y MÁS FOTOS| COSTANTINO| NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO| DE VUELTA A CLASE: unas cuantas lecciones de vida| UN GUERNICA ACTUALIZADO| LOS PORQUÉS DEL 11-S| 11-M-04 |DE MARICAS Y VAMPIROS | RADIKAL.....GAY | A VUELTAS CON LA HOMOFOBIA| RALF KÖNIG| JACK KEROUAC| PARADISO / capítulo VIII | SEXUS, por Henry Miller| MÚSICA / 1. Neil Young| 2. John & Yoko| 3. George Harrison| BEATLES| MIS CONCIERTOS| ENLACES | | | | | | | LA VOZ DEL SILENCIO
 
DE MARICAS Y VAMPIROS
 
 
Imagen
Ser gay es como ser vampiro. Lo digo por la visibilidad de su existencia. Este tema es un asunto que entre vampiros lleva siglos resuelto, mientras que nosotros seguimos aquí, aún decidiendo entre la inmovilidad y el secreto del armario-ataúd y la nocturnidad de la búsqueda de sangre fresca, y la expresión de una libertad mal asumida. Y es que, en lo que a visibilidad se refiere, se da normalmente por sentado que más vale salir a la luz pública a toda costa, no importa cuáles sean las consecuencias, que no salir. Visibilidad entendida como el acceso, la presencia en los medios de comunicación, ejerciendo de espectros maquillados ante las cámaras, dando una imagen bastante manipulada de la realidad. No obstante, la alternativa a la visibilidad no se reduce necesariamente al silencio, al olor a naftalina del armario de la abuelita donde nadie quiere volver a recluirse. Lo que en principio solo fue la mera constatación de un hecho cotidiano como la diferencia entre noche y día, luz y oscuridad, claridad y tinieblas, visible e invisible, fue, con el paso del tiempo, revestido de connotaciones morales, valoraciones éticas y un carácter de verdad y falsedad que vino a complicarlo todo demasiado: lo bueno, lo auténtico, lo verdadero se expresó a través de lo visible y luminoso; lo malo, lo falso, lo temible, se relegó a la oscuridad, a lo invisible. Fuimos entonces vampiros y maricas condenados a la frialdad de la noche, pues hechos invisibles, ya no contábamos para nada, nadie sabía cosa alguna de nosotros. Un hetero sabe tanto de nuestra vida sexual como la de los vampiros. Miento. Sabe mucho más en todos los órdenes de la vida, costumbres y sexualidad de los vampiros que de la nuestra. O al menos eso creen. En todo caso, vampiros y maricas hemos acabado formando parte de la gran mitología blanca heterosexual que nuestra sociedad ha venido forjando sobre todo lo que quiere desconocer y mantener lejos de la luz: somos espectros.

Y es que la luz es la morada del hetero, en la luz están como en casa. Ser heterosexual es ser visible, habitar en la luz, ser la luz. La luz es heterosexual. Y el vampiro lo sabe, sabe que salir a la luz, hacerse visible, significa su destrucción, dejar de ser vampiro, porque la visibilidad supone tanto como acceder al ámbito de la moralidad, de la familiaridad, de lo inofensivo. Y es po ello que, para no morir, permanece en el reino de lo invisible. Le parece maravilloso que su imagen no se refleje en ningún espejo, menos aún en el de la televisión. No lo necesita.

¿Qué le pasa a un marica que decide hacerse visible, salir a la luz, ponerse ante los focos televisivos? Pues que, quien era antes una marica estupenda, ahora la vemos herida de muerte, fulminada por el luminoso rayo purificador de la luz heterosexual. Quien antes era una petarda despendolada, se ve transformada en un aséptico homosexual producto del marketing, listo para su comercialización, tolerado, bien visto, "casado", con "hijos", con derecho a herencia, arreglado y elegante, preferiblemente intelectual o empresario, si no artista de renombre o estrella de lo que sea.

Que no se haga la luz en los cuartos oscuros porque dejarán de existir, que no llegue la visibilidad a los servicios ni a las saunas, ni a los cutregaritos porque se transformarán en lugares inhóspitos para los amantes del claroscuro, la sombra y la pluma. La pluma, sí, nuestro más genial invento, que nos hizo ambiguos, sembrando el equívoco, la incertidumbre y el desconcierto entre aquellos que solo toleran las cosas claras y legalizadas. Hay que acabar de un plumazo con el intransigente discurso hetéreo de la visibilidad, que solo concede carta de existencia a lo que se refleja deformado en la pantalla, para así dominarlo, controlarlo, clasificarlo y archivarlo. Se sienten incomodados, criticados por un enemigo invisible que se les escurre de las manos, cuyo número y fuerza no pueden calcular, que vive con ellos en casa, que les besa en la boca, que se acuesta en sus camas, que les paga el colegio, que les plancha sus camisas, que escribe a los Reyes Magos... que les hace el amor. Así que, contra el exorcismo televisivo: ¡Espectros del mundo, uníos!

Imagen


AHORA QUE YA SOMOS VISIBLES
El texto que he escrito arriba apareció hace diez años en el fanzine de la Radical Gai, "De un Plumazo". Releerlo provoca sentimientos contradictorios, por la actualidad que conserva, por su crítica de las maricas mediáticas que pululan por la pequeña pantalla. Por otra parte se percibe un cierto olor a naftalina entre sus líneas. No la naftalina del armario, pero sí la de un discurso radical que ha desaparecido. Un tono directo y sin pelos en la lengua, con tan poca vergüenza que es capaz de llamar a la sublevación de los espectros gays, confundiendo el 28-J con una jornada revolucionaria.

Decididamente corren otros tiempos. Pero que andamos un tanto confundidos es algo que no deja de ser cierto y que se aprecia viendo cómo hace años la gente se inquietaba por su destino y expresaba sus temores. De todos modos, nostálgicos del pasado quedan bastantes. Pero lo cierto es que, en este tiempo, hemos dejado de ser espectros y se nos ve por todos lados. A todos. Y volvemos a tener un lío. Parece que al baile de los vampiros no están todos invitados. Es un baile de etiqueta. Algunos deberán quedarse en el ataúd un tiempo más o para siempre, porque aceptar hacernos visibles implica aceptar ser vigilados y vernos enredados en las estrategias normalizadoras de la sociedad. La Radical pretendía una visibilidad resistente a la normalización, haciéndose portavoz de los habitantes de los cuartos oscuros, parques y saunas, sin saber muy bien cómo llevar esto a cabo. Su ataque directo al homosexual yuppy y de buena presencia todavía sigue rechinando hoy en los oídos de los colectivos gays más conservadores. Que no se hable del gueto, del dinero rosa, de la pluma, de nuestras prácticas sexuales... al final no se hablará de nada porque, de tanto renunciar, nos habremos quedado hasta sin sangre en las venas, no seremos nada, seremos prácticamente heterosexuales, prácticamente normales, espíritus puros.

Puestos a que se vea todo, tampoco hay por qué considerar que los homosexuales sin pluma, que no comparten esa supuesta identidad del gay posmoderno, sean traidores a una supuesta causa que deberían compartir a toda costa: sencillamente hay gays sin pluma o con ella, que ni se acercan por el ambiente, conservadores de toda la vida o anarquistas furibundos que no entran ni salen de este juego porque les resulta completamente ajeno.

El vértigo que trae consigo el proceso de visibilización de la comunidad gay crea individuos, que antes que hacerse visibles prefieren desaparecer. Yo no soy gay, no comparto nada con ellos, ni siquiera voy a locales de ambiente, no asisto a manifestaciones, no leo nada que tenga que ver con literatura o ensayo gay, no tengo pluma, tan solo me gustan los hombres, pero eso es algo que pertenece a mi vida privada; por lo demás soy completamente normal y quiero que me dejen en paz porque no estoy en deuda ni con los gays no con nadie. La gente que piensa así, que no renuncian a la visibilidad, pero que se someten a las pautas que establece la sociedad para que un marica aparezca públicamente, acatando todas las reglas del "pudor" y del "decoro", lo único que consigue es invisibilizarse y seguirle el juego a quienes no quieren verlos, o solo quieren vernos en la medida en que no hiramos su sensibilidad heterosexual. De este modo se fortalece la homofobia. El tímido paso que se pretende dar es, como mucho, llegar a decir a regañadientes: Soy gay, no quiero estar en el armario, pero no soy diferente. Pero decir que se es gay cuando, previamente, se ha vaciado ese concepto de cualquier contenido es quedarse dentro de un armario mucho más difícil de abrir. Renunciar a la propia diferencia equivale a borrarla, a dar la batalla por perdida: no ha hecho falta que acaben con nosotros, nos hemos autoeliminado.
De todos modos hay gays con una actitud pública tan diversa, que se comportan como les viene en gana, y eso demuestra que el significado del concepto "gay" no solo no está vacío, sino que está en constante cambio y se ha llenado de otros contenidos que no le gustan a quien solo ve la visibilidad fetén y normativa. En fin, vosotros mismos. Comentadme lo que os parece.
bailando