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RADIKAL.....GAY
 
 
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El texto que sigue describe sentimientos y pasiones de lo que fué un proyecto de lucha que durante varios años alentó nuestra conciencia gay, y que, sin duda nos movió hacia la indecencia más absoluta para manifestar una visibilidad que se anunciaba necesaria e imparable. La vida nos ha llevado por derroteros diversos. Sin duda no es éste el mundo en el que buscábamos mantener nuestra presencia activa. El tiempo vapulea casi siempre las ambiciones extremas, pero la Radical Gai nos hizo crecer y mantenernos aún en una actitud de constante rebeldía.
El texto fue publicado en el último número de la revista "De un Plumazo", firmado por Ricardo Llamas en 1997.

"Allá por 1991, en un capicúa que sólo podía traernos suerte, iniciábamos una fuga que dura ya más de cinco años. Salimos de la marisma plagada de flamencos rosa pastel en el que se había convertido el espacio activista. Pero nuestra marcha no adquirió la gracilidad del alzamiento al vuelo de una bandada de palmípedos. Esa precipitada huída se pareció más a una ruidosa y polvorienta estampida de búfalos que, por un instante, hizo temblar una tierra súbitamente resecada. Abandonábamos un proyecto político que empezaba a asfixiarse en la aparente elegancia y la promocionada distinción de un "parque nacional" o una "reserva natural".

Ni naturales (nuestros recuerdos, como los de Wojnarowicz, huelen a gasolina mal quemada), ni reservados (lo nuestro no es de dominio, pero sí es público o, al menos, notorio), ni nacionales (nuestras fronteras son indeterminadas), ni, en definitiva, necesitados de la protección que "se" otorga a las especies en peligro de extinción. Nuestra vida-política no podía ser abatida en ninguno de esos términos.

El proyecto que dejamos atrás era paulatinamente imaginado por gentes distintas de quienes lo habían puesto en marcha. Ese proyecto empezaba a responder a lo que "se" esperaba de él. Y optamos por distanciarnos y denunciar ese "se" tras el que se ocultaba un sujeto que, en su paciente espera, había logrado devorar, uno tras otro, los escasos restos de una efervescencia social surgida en el lento entierro de una dictadura. Asumimos, pues, la electrizante tarea de continuar imaginándo(nos) y de negar activamente cualquier reconocimiento a los espejos de distorsión con que "se" empezaban a reflejar nuestras aspiraciones.

Así es como montamos la Radical Gai cuando, en un sorprendente momento de lucidez en medio de la borrachera de nuestra recien recuperada libertad, decidimos que llamarnos "Confecciones La Rata" era acaso demasiado misterioso. Muy pronto nos rebautizaron como la Radikal Gay; una denominación que pretendía ilustrar (aunque sólo fuera en la taimada subversión de la norma ortográfica) un emplazamiento en espacios misteriosos; a medio camino entre una rupturista K y una cosmopolita Y.

Efectivamente, Kortamos con la historia e Yniciamos un viaje, pero el significado profundo de ese proceso no estaba en las trampas al diccionario que desde fuera se nos atribuían, como si fuéramos unos gamberros. Pocos fueron los que de inmediato vieron que en esa dinámica K-Y había más posibilidades de placer y de diversión de las que permite el incumplimiento de la ortografía; mucho más gozo del que, en principio, se reconoce al formalismo de los proyectos políticos más ortodoxos.

Quizás el deje nostálgico de aquella carta de despedida no traduzca adecuadamente la excitación que el abandono de ese coto ideológico despertaba en nosotros. Con la perspectiva que da un lustro, ese zarpar a la deriva nos parece hoy (a quienes seguimos haciendo política colectivamente) una de las decisiones más enriquecedoras que hayamos adoptado. Y la validez de aquel acto no se reduce al principio fundacional del proyecto: inasequibles al desaliento, ajenos al despliegue de respetabilidad y de seriedad, hemos continuado la fuga hasta confirmar una conciencia apátrida.

En el camino nos hemos dejado buena parte de los referentes estables que a nuestro alrededor se han ido articulando. Los hoy sacrosantos referentes de un movimiento de gais y lesbianas que se ordena cada día, que parece renovarse y diversificarse, pero que sólo se mueve en la dimensión plana de una cada vez más patente resurrección de la militancia pre-Stonewall (un movimiento que invita a la Doctora Ochoa a dar charlas -ella sí que tiene imaginación- y que se ha quedado estancado en la exigencia de una ordenación jurídica que consolide la domesticidad y el respeto del orden). Los referentes de la llamada izquierda (la de la tolerancia, la que no conoce la homofobia, la de las cartas de protesta en respuesta a los asesinatos de maricas en América Latina). Los referentes de buena parte de una comunidad gai o de una identidad que hace unos años defendíamos con vehemencia ante el mesar de cabellos de muchos y que, ahora que aquel debate ha prendido en programas y actitudes, empieza a requerir un sopapo de iconoclastia desmitificadora.

La masa de maricas, al ritmo del movimiento ordenado, se ha asentado en sus ideas y en sus prácticas cotidianas. El mayo del 68 invitaba a soñar; el mayo del 96 invita a desgravar (¿será una casualidad que esta pareja de dígitos se dé la espalda?). Parado en una pose para la fotografía de la historia, en espera del flash, el conjunto de interpelados por el orden no ve cómo se le pasa la vida y cómo confirma, en el mejor de los casos, un destino en color sepia.

Efectivamente, quienes firmábamos aquel documento hemos seguido trayectorias bien diferentes. Pedro Malpica se fue a México y de ahí a Colombia. Guillermo Güenetxea ha colocado su puesto de trabajo al borde del abismo al haber sido inhabilitado por un Tribunal que se atrevió a juzgar los motivos por los que se hizo insumiso. José García-Decadi lo vendió todo y se fue a Utrecht. Manuel Alcaraz aparece en alguna fiesta. Carlos Rascón anda liado con la tesis, la PPS y el Shangay Tea Dance. José María Cervera hace tartas, pero aún se deja ver de cuando en cuando. José Antonio Frías sigue con sus cosas...

Haznos la foto; trata de recogernos en tu cámara mientras esperas a que, también a ti, alguien te inmortalice. Pero ten en cuenta que para cuando hayas logrado apretar el disparador hacia una imagen que creías más o menos enfocada, quizás ésta se haya movido de nuevo. No desesperes. Puede que logres sacar en la fotografía ese monumento de piedra, fruto de tu trabajo. Y también está este fanzine-revista con el que puedes al menos aproximarte al momento de calma aparente en que lo hicimos.

Otros muchos han pasado por ese inasible espacio de acción cuyo último emplazamiento es tan difícil de ignorar como de localizar con precisión, y han seguido, tras una escala, su camino. Sejo se fue a Vitoria/Siberia. Fernando Foncillas fue requerido en Aragón. Kiko volvió a Canarias. Eduardo está en Bruselas. Juan en Colombia. Gabriel en Miami. Fernando Eneko no está porque, simplemente, murió de sida. Paul en San Francisco. Eric sigue de viaje. Ciri pincha discos. Alberto abre bares leather. Jaime es una estrella que sólo se ve en noches claras. Josephine extiende su mito por la Costa Brava.

Y luego están Diego, Enrique, Ricardito, Alejandro, Jesús, Johnny y tantos otros a quienes tenemos perdida la pista. Hubo quien admitió que "su proyecto radical se había agotado", pero para otros seguro que sigue vigente. Quizás sea alguno de ellos, o alguien que está aún por venir (¿un mesías?, ¿el anticristo?, ¿un actor de cine porno?), quien hace pintadas en los baños de la estación de autobuses de Huesca firmadas por la Radical Gai. Y quienes firman artículos en este Plumazo, y Emilio, Rikardo, Angel, Gabi, Javi, David, Abel, Juan...

No creas que nos gusta posar o que nos arreglamos por otra razón que la de vernos reflejados en las miradas ajenas. Pero tampoco creas, sobre todo, que con tu mirada vas a lograr que se estabilice nuestra inquietud. Y si persistes en no dejarnos escapar de lo que te rodea, ten cuidado. Cuando creas que ya no nos movemos te darás cuenta, también tú, de que estás dando más vueltas que un derviche. Y comprobarás que, con todo, sigues sin ser un maldito. Ni siquiera un poeta."
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